y la comodidad del usuario. Las barreras gruesas también aumentan el potencial de estrés por calor. En segundo lugar, las barreras que proporcionan muy buena resistencia química tienden a incrementar la incomodidad del trabajo y el estrés por calor, porque normalmente también actúan como barrera frente
a la transmisión de vapor de agua (transpiración). En tercer lugar, cuanto mayor sea la protección general, tanto mayores serán el tiempo necesario para realizar una tarea determinada y la proba- bilidad de cometer errores. Hay asimismo algunas tareas en las que el uso de ropa protectora puede incrementar determinados tipos de riesgo (en las proximidades de maquinaria móvil, por ejemplo, el riesgo de estrés por calor es mayor que el químico); se trata de una situación rara, pero debe tenerse en cuenta.
Hay que pensar también en las limitaciones físicas que impone la ropa protectora. Un trabajador equipado con un par de guantes gruesos, por ejemplo, no será capaz de realizar fácilmente tareas que exigen mucha destreza o movimientos repeti- tivos. Un pintor que trabaje con pistola protegido por un mono totalmente cerrado no podrá mirar hacia los lados ni hacia arriba o hacia abajo, pues el equipo de protección respiratoria y el visor del mono casi siempre limitan la visión. Estos son sólo algunos ejemplos de las limitaciones ergonómicas asociadas con el uso de ropa y equipo de protección.
Al elegir la ropa protectora hay que considerar siempre la situación de trabajo. La solución óptima es seleccionar el grado mínimo de ropa y equipo de protección necesarios para realizar el trabajo de forma segura.
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